martes, 29 de mayo de 2012

HISTORIA DE DOS CARRERAS


Hubo una época en la que el maratón se consideraba una competición basada en la gestión de la energía. Según la opinión tradicional, debido a que nuestro cuerpo sólo almacena glucógeno para correr unos 32km, parte de la carrera debería hacerse a un ritmo moderado para permitir que el organismo empiece a metabolizar la grasa como combustible. La reciente lluvia de marcas en los maratones de Boston, Londres, Berlín y Chicago hace pensar que los maratonianos de élite del mundo han refutado esta opinión. Han corrido sin miedo a chocar con el muro.

De hecho, cuando la keniata Mary Keytany salió disparada en la salida del maratón de Nueva York, cruzó volando por el puente de Verrazano-Narrows. Corrió en 16:04 al paso por el kilómetro 5 y en 31:54 al paso por el 19, lo que equivalía a un ritmo de 2h14:40 en el maratón, más de un minuto por debajo del récord del mundo. Pero hacia el kilómetro 29 la ventaja de 2 minutos que llevaba al grupo perseguidor comenzó a menguar y en el kilómetro 40 su tiempo de paso era de 18:43 cada 5km, casi 3 minutos peor que entre el 5 y el 10. Las etíopes Firehiwot Dado y Buzunesh Deba la adelantaron pasado el kilómetro 38 y Dado acabó ganado la carrera. La derrota de Kitany es una muestra de la importancia de correr a un ritmo realista desde el principio. Si hubiera salido a un ritmo de 2h20 en lugar de a 2h15, podría haber ganado la carrera.

En la prueba masculina, las cosas comenzaron de un modo más conservador, con un gran pelotón compacto hasta el kilómetro 5, que pasó en 15:34, lo que supone un ritmo relativamente lento de 2h11:26 el maratón. Pero cuando se llegó al medio maratón en 1h03:18, todo el mundo sabía que ese día podía batirse el récord del maratón de Nueva York.

En el km32 quedaban siete corredores en cabeza y ninguno daba muestras de haberse chocado contra el muro. En el 35, el keniata (y ya ganador en Boston) Geoffrey Mutai pisó el acelerador y corrió en 9:04 los siguiente 3,2 kilómetros, dejando a su más inmediato seguidor (Emmanuel Mutai, que no es familiar suyo) a más de un minuto por detrás. Al final, terminó la carrera en unos sorprendentes 2h05:06, 2 minutos y 37 segundos más rápido que el hasta entonces récord de la prueba.

Estas dos carreras son ejemplos perfectos de la importancia que tiene conocer cuál es el máximo ritmo que uno puede mantener y no salirse ni un segundo de él. La moraleja es que la opinión tradicional sigue siendo válida: si corres de forma conservadora al principio, ahorrarás energía y mantendrás las piernas frescas para el final, mientras que si eres muy agresivo al principio, pagarás un alto precio antes de llegar a la meta.


Por el Equipo de RW
Revista ‘Runner´s World’ Nº 212 – Marzo 2012

HAZ EL AMOR Y DESPUÉS… CORRE


Ahora que han transcurrido cinco meses de este año olímpico, a los que se sientan amorosamente olímpicos tengo que recordarles que es el momento preciso para pegarse un revolcón. ¿Que de qué voy? De olímpico. El otro día, al llegar al campo de entrenamiento, un menda se pavoneaba: “Ayer cayeron dos y esta mañana, antes de venir hacia aquí…”.

El que habla mucho, poco aprieta y estoy convencido; no se comió una rosca. Los y las más callados suelen ser los más activos, pero ésta no es la cuestión. La pregunta del millón es si es beneficioso o perjudicial hacer el amor antes de una competición.

Todo depende de la disciplina deportiva en la que se vaya a competir, es decir, a un atleta especialista en una modalidad deportiva que requiera tensión y movimientos rápidos (velocidad, saltos, lanzamientos y medio fondo) no le convendría disfrutar de una noche loca. ¿Qué puede pasar?

A causa de un exceso de relajamiento, el deportista se arriesgaría a afrontar la pugna sin chispa ni tono muscular. Para los que vayan a hacer una media maratón o un maratón entero no habría problema, incluso con la relajación amorosa se concilia mejor el sueño. Te colmaría de autoestima y por unos instantes te olvidarás de los miedos escénicos que produce correr en una distancia que demanda mucho esfuerzo. Hay quienes buscan el lado más científico y anteponen reservar los picos de testosterona para la competición; no obstante, no está demostrado que bajen los niveles de la hormona sexual por practicar sexo.

Sé lo que estáis esperando, que os cuente mi experiencia. Hacer el amor antes de una competición nunca me ha perjudicado, lo que no sé es si en caso de que me hubiera abstenido del placer amoroso, ese día hubiera logrado una mejor marca. De todas maneras, si centras la mente en que vas a afrontar un esfuerzo descomunal, a menos que exista una provocación o que seas sexualmente olímpico (cada cuatro años, uno), será difícil que se te pase por la cabeza pegarte una paliza tierna con tu pareja. Lo que está demostrado es que practicar una actividad física es bueno para el sexo, pero la conveniencia de hacer el amor antes de una competición queda en suspense.

[…]

Ya sabes, lo que puedas hacer hoy no lo dejes para mañana. Haz el amor y después… Corre.


Por Martín Fiz (Director de Runner’s World)
Revista Runner’s World Nº 123 – Mayo 2012

domingo, 27 de mayo de 2012

PONTE A TONO


Cuando se trata de correr a ritmo, los atletas de élite no sólo son rápidos, sino que además son muy constantes. Son capaces de marcarse un objetivo preciso y mantenerlo kilómetro tras kilómetro como un metrónomo calibrado a la perfección. Si compites habitualmente esta habilidad es esencial: un ritmo demasiado lento te hará perder un tiempo precioso que no podrás recuperar, pero un ritmo excesivo hará que al final de la carrera pagues las alegrías del principio y que te hundas antes de llegar a meta. Si corres simplemente para estar en forma, conocer a qué ritmo estás corriendo sólo por sensaciones también puede serte de utilidad. Si eres capaz de ajustar tu cronómetro interior (ni demasiado rápido, ni demasiado lento) lograrás los máximos beneficios de cada entrenamiento.

No sabe duda de que esto es mucho más fácil de contar que de llevar a la práctica. En la opinión de los entrenadores del equipo del Proyecto Oregón que Alberto Salazar desarrolla para Nike en Portland, “la capacidad de correr por sensaciones es una habilidad que debe aprenderse”. En un estudio publicado recientemente los investigadores observaron que los corredores podían clavar su ritmo con un margen de 6 segundos arriba o abajo en cada kilómetros mientras que los corredores aficionados con menos experiencia se desviaban del ritmo fijado una media de más de 25 segundos por kilómetro. Pero no basta simplemente con correr más, ni tampoco con confiar en un reloj con GPS para aprender a percibir tus sensaciones. También tendrás que dedicar tus entrenamientos a ajustar a la perfección tu marcapasos interno.

AUMENTA LA PERCEPCIÓN

No hace falta ser entrenador de élite para darse cuenta de que la mayoría de los principiantes tienen muy poco sentido del ritmo. Para solucionarlo, el consejo es que se preste atención al modo en el que el ritmo se relaciona con la sensación de esfuerzo. Hay que determinar qué ritmo se percibe como suave, medio y duro. Si te centras en datos como la respiración, el ritmo de tus piernas y el movimiento de los brazos, podrás interiorizar las sensaciones físicas que corresponden a las distintas velocidades.

POR SENSACIONES. Dos veces a la semana, cronométrate un 1.500 en mitad de un entrenamiento a ritmo suave. No aceleres ni frenes el ritmo. El objetivo es simplemente obtener información para calibrar gradualmente tu velocímetro interno. En tu diario, anota el tiempo y una puntuación subjetiva del esfuerzo percibido en una escala de 1 a 10, junto con unos breves comentarios sobre las sensaciones de la respiración y de las piernas. Después de varias semanas, haz lo mismo en un entrenamiento de ritmos para ajustar tu ritmo más rápido. A continuación, intenta cronometrarte segmentos de 1.500m al principio y al final de los entrenamientos para apreciar la diferencia entre ellos, por ejemplo, en entrenamientos de ritmos o a ritmo de carrera con las piernas frescas y cansadas. Debes dedicar al menos un mes a esta fase para lograr apreciar bien tus sensaciones.

FUERA APARATOS

Algunos corredores dependen exclusivamente de sus cronómetros para saber cuál es su ritmo. En lugar de confiar en el sentido del ritmo, miran su reloj de última generación equipado con GPS cada 15 segundos y corren con acelerones y frenazos.

POR SENSACIONES. Una vez que te familiarices con los tiempos de paso en determinados entrenamientos, trata de adivinar los tiempos antes de mirar el cronómetro. Al principio, puede que te equivoques en 40 segundos o más por km, pero con el tiempo irás mejorando. Se requieren al menos seis meses prestando una atención estricta para ser capaz de apreciar el ritmo y mantenerse en un rango de 10 segundos del ritmo deseado.

CAMBIA DE MARCHA

Para ser capaz de correr a cualquier ritmo dado cuando quieras, el paso final es practicar los cambios de ritmo una y otra vez. Muchas personas consiguen correr a un ritmo concreto, pero sólo si no salen de él. No obstante, en el mundo real, las cuestas, las curvas o las aglomeraciones en carrera pueden romperte el ritmo. Los entrenamientos en los que haces cambios de ritmo frecuentes te ayudarán a reanudar rápidamente tu ritmo deseado después de una interrupción del mismo.

POR SENSACIONES. El ejercicio más sencillo consiste en alternar una y otra vez entre dos velocidades. Por ejemplo, alterna segmentos de 800m a la velocidad de ritmos y otros 800 a unos 40 segundos por kilómetro más despacio durante un total de 3-6km. Al principio, comprueba el cronómetro cada 400m para comprobar que vas a la velocidad correcta. Luego mira el reloj cada 800m. Utiliza este ejercicio para todos tus ritmos de entrenamiento.


COMO UN RELOJ

Entrenos quincenales para coger el ritmo

CLAVA LAS VUELTAS. Corre 10-15 x 200 metros a ritmo de 5km o un poco más rápido, con 60 segundos de descanso entremedias. Intenta mantener los tiempos de paso en un rango de 5 segundos.

PRESCIENDE DEL RELOJ. Corre un 3x1600 metros (cuatro vueltas a la pista de atletismo) a ritmo de 10km con tres minutos de descanso entre cada una de ellas. En la primera repetición, mira los tiempos de pasa cada vuelta. En la segunda, míralos cada dos vueltas. En la última repetición, mira el tiempo sólo al acabar. Intenta mantener los tiempos en un rango de 10 segundos respecto a tu objetivo. Con el tiempo, intenta llegar a un rango de 5 segundos de diferencia entre el objetivo y tu predicción.


Equipo de RW
Revista ‘RUNNER`S WORLD’ nº 122, Abril 2012

TRIUNFÓ LA VIDA


Hace un par de años me noté una molestia en el testículo derecho y tras una visita al urólogo, no le dio importancia ya que el diagnóstico estaba basado simplemente en una palpación externa del escroto. Como el dolor aparecía y desaparecía a lo largo del tiempo no le daba tampoco mucha importancia. En las temporadas 2009 y 2010 tuve unas épocas de mucha fatiga, mareos, bajada de defensas, etc. que lo relacionaba con un posible sobreentrenamiento, estrés laboral… Como curiosidad en épocas de frío, cogía cada pocas semanas un catarro detrás de otro y nunca levantaba la cabeza.

Las analíticas médicas eras aparentemente normales, aunque la serie roja solía estar algo baja, al igual que los leucocitos, pero los entrenamientos más fáciles dejaron de ser amenos y se convirtieron en una tortura, e incluso el día a día, se me hacía muy cuesta arriba.

En enero de 2011 tuve un dolor muy agudo en el testículo que me molestaba y se extendió bajo el vientre y riñones. Tras pasar varias veces por urgencias decidimos hacer una ecografía testicular y un TAC, apareciendo unas manchas sospechosas que resultaron ser una neoplasia testicular con afectación ganglionar. Una semana más tarde me quitaron el testículo dcho. y la biopsia posterior confirmó las peores sospechas. Mi vida cambió por completo: de competir en triatlón a padecer un cáncer en fase 2, concretamente una seminoma. Empecé a ser un paciente oncológico. El tratamiento fueron 3 ciclos de quimioterapia durante los meses de marzo, abril y mayo de ese año, que han sido los peores meses de mi vida, de un sufrimiento brutal ya que toleré muy mal la ‘quimio’, aparte de los efectos secundarios: caída de cabello y vello corporal, pérdida de peso, fiebre alta, nauseas y vómitos, anemia, bajada de las defensas, y un largo etcétera.

Había semanas que tenía que ir todos los días a ponerme el tratamiento y cada día suponía 5 horas de goteros (unos 13 en cada sesión). Tuve que ingresar varias veces en urgencias porque apenas tenía fuerzas, llegando a perder en ocasiones el conocimiento. Las últimas semanas me llevaban mis padres en una silla de ruedas por el hospital, porque era incapaz de andar. Estuve también a punto de tirar la toalla a mitad de tratamiento, porque no aguantaba tanto dolor y sufrimiento. Tomaba continuamente corticoides y calmantes, pero poco me ayudaban. Con la ayuda de mi familia y el de mis hijos, conseguimos acabar la terapia el día 20 de mayo. En 1 de Junio comencé con mi primer entreno del año: andar media hora, intercalando carrera a pie de 1 minuto de duración a ritmo de tortuga. A mediados de ese mes, hice mi primer entreno de piscina con los colegas del equipo Stadium Casablanca. Todavía no necesitaba gorro, tenía la cabeza “pelada”.

Mientras tanto ya me había hecho el primer reconocimiento, confirmando la curación “provisional” de la enfermedad, ya que hasta los 5 años, después de la terapia, no te dan el alta definitiva.

Mientras tanto, tengo que seguir haciendo controles periódicos.

Poco a poco, según iba cogiendo peso y ganando apetito, las fuerzas fueron regresando y los entrenos fueron más largos. Las sensaciones fueron cada vez mejores y los síntomas de los pasados años, habían desaparecido. Y así he continuado, hasta la última competición el Triatlón de la SER de Zaragoza, donde quedé segundo tras Alberto Cebollada Kremer.

Gracias al triatlón y al apoyo de su familia ha podido ganar la lucha, volver a competir y volver a triunfar.


Carlos Yela
Revista ‘triatlón’ nº 8, Mayo-Junio 2012

viernes, 25 de mayo de 2012

¿CORRER ES DE COBARDES?

¿Qué impulsa al ser humano a correr? ¿Es una reacción instintiva para huir de un peligro? ¿Es una demostración de capacidad física?

"Las personas corren y andan porque es la actividad física que han hecho desde hace 40.000 años hasta llegar aquí. En la prehistoria, para comer había que moverse y cazar, y desde entonces nuestros genes no han cambiado tanto", explica Alejandro Lucía, catedrático de Fisiología del Ejercicio de la Universidad Europea de Madrid. "La supervivencia estaba ligada a la locomoción, y el cuerpo humano está diseñado para moverse entre 10 y 15 kilómetros diarios. Por tanto, correr está en nuestros genes".

Nuestra biología está programada para seguir con el estilo de vida ancestral: ingerir 3.000 calorías diarias y correr más de 10 kilómetros. Sin embargo, ahora hay un desequilibrio, en favor de las calorías. "La mejor manera, y más rápida, de perder el excedente de calorías es correr. Mil calorías equivalen a 20 kilómetros", dice el catedrático.

Además, con el ejercicio intenso se liberan endorfinas -unas hormonas que tienen un efecto opiáceo- y ésta es la razón por la que correr produce una sensación de relax y enganche, hasta el punto de que no hacerlo puede desencadenar una especie de 'mono'. "Las endorfinas se liberan a medida que se está más entrenado. Para que produzca esa liberación es necesario, como mínimo, caminar deprisa durante media hora o veinte minutos de carrera".

El psicólogo deportivo y corredor Tomás Vich, sostiene que "el ser humano busca luchar y conseguir objetivos, pero en la sociedad actual impera lo fácil. Por eso, correr supone vencer la pereza de los días de trabajo e ir evolucionando, mejorando nuestras marcas. La carrera suple las necesidades de autorrealización y nos hace sentirnos bien con nosotros mismos".

Vich piensa que correr engancha porque "el objetivo te lo marcas tu, es una lucha contra tí mismo y es fácil de hacer". Además, tiene el beneficio añadido de que "ver que consigues objetivos a base de esfuerzo incrementa la autoestima", sin olvidar que la liberación de endorfinas "hace que las cosas se valoren de otra forma y que disminuyan los trastornos depresivos y la ansiedad. Al final te hace más fuerte mentalmente".

Con todo, el psicólogo es consciente de que "correr no te resuelve la vida, pero te permite afrontar la angustia de otra manera".Aunque las ventajas del running son evidentes, muchos corredores caen en la obsesión. Vich advierte que Wcuando el hobby se convierte en una obsesión, pasa a ser un trabajo más. Por eso, hay que marcarse también unos periodos de descanso.

En cualquier caso, un dato objetivo es que cada vez son más los que se apuntan a calzarse las zapatillas de correr. Isaías Díaz, director editorial de la revista Corricolari, asegura que "en los cuatro últimos años se ha producido un importante aumento de corredores y de competiciones populares. Un dato objetivo es que cada vez hay más personas que terminan una carrera. Más de 16.000 corredores concluyeron el útimo maratón de Barcelona y más de 14.000 completaron el medio maratón de Madrid".

A las bondades físicas de correr se añaden los beneficios económicos: la Behobia de San Sebastian reporta 2,5 millones de euros a las cuentas de la ciudad, y en el caso del maratón de Nueva York, quizá el que más corredores desean correr, los beneficios ascienden a 100 millones de dólares.
¿Correr es de cobardes? "No. Se necesita ser muy valiente para llegar cansado del trabajo, ponerte las zapatillas y correr varios kilómetros", asegura Tomás Vich.


Algunas lecturas

'Correr': El libro de Martín Giacchetta, entrenador superior de triatlón, está dirigido a todos los interesados en esta práctica. La obra explica diversos planes de entrenamientos, aspectos nutricionales y psicológicos, la indumentaria o los mejores lugares para correr.
Editorial: Grijalbo.

'La pasión por correr': Francisco Medina indaga en las motivaciones y anécdotas que comporta la práctica del 'running', un deporte que cada vez cuenta con más adeptos. Recoge testimonios de aficionados, como los del ex presidente Rodríguez Zapatero o el sindicalista Cándido Méndez.
Editorial: Plaza&Janés Editores

'Correr es vida': El fondista Chema Martínez sostiene que correr es vida y desde las páginas de este libro anima a otros a que corran. Es una actividad que requiere disciplina, induce a comer mejor, evita el sedentarismo y ayuda a establecer vínculos sociales con otras personas que hacen lo mismo.
Editorial: Plataforma.

'De qué hablo cuando hablo de correr': El escritor japonés Haruki Murakami comenzó a correr al mismo tiempo que decidió su vocación, en 1982 y desde entonces ha completado varios maratones. En su libro describe los duros entrenamientos y su afán de superación, y explica que escribir y correr se han convertido en una actitud vital.
Editorial: Tusquets editores.

'Nacidos para correr': Christoper MacDougall salió de los laboratorios más avanzados de Harvard para encontrarse con la tribu de los mejores corredores de larga distancia del mundo, los tarahumaras de las barrancas del cobre en México. Durante siglos han seguido técnicas que les permiten correr cientos de kilómetros sin descanso.
Editorial: Debate.

Ángeles Gómez

jueves, 24 de mayo de 2012

PIES DESCALZOS

Después de la 1/2 Maratón del domingo, me he tirado lunes, martes y miércoles sin hacer absolutamente nada... y la verdad es que no pensaba correr ni un poquito hasta la semana que viene. Mi plan hoy era hacer unos cuantos ejercicios de brazo con mancuernas y poco más, pero la máquina de correr estaba ahí, y yo tenía ganas de correr un poquito (aunque correr en cinta no es una cosa que me guste especialmente). Total, que al final he caído.

Mi plan, después de haber acabado la 1/2 Maratón, es adaptarme al modo de correr descalzo, pues tengo una forma de correr en la que mi primer apoyo es el talón, cosa no recomendable, y era algo que quería cambiar. Pues bien, he estado corriendo 5 minutitos intentando correr de forma que apoyase primero la zona central del pie, pero quizás tiendo a caer demasiado de puntillas.

El caso es que tras 5 minutos, he pensado en la cantidad de veces que he leido que para aprender a correr descalzo, el truco está en correr sin zapatillas (soy tan listo que lo tengo que leer por ahí, no me doi cuenta yo solo), pero siempre me ha dado "cosa" por aquello de ¿ir descalzo por la calle? Pues bién, esta era la ocasión perfecta. Me he quitado las zapatillas, y con la sola protección de mis calcetines, he corrido otros 15 minutos más a un ritmo suavecito. ¡Menudo cambio! Se corre de una forma completamente distinta y 'casi sin querer'. Definitivamente, si hubiera seguido intentando emularlo sin quitarme las zapatillas, nunca habría conseguido una sensación similar. Pero claro, bien es cierto que el pie va desprotegido, y al cabo de esos 15 minutos que tenía previstos, la sensación era de que los pies se me estaban despellejando de mala manera.

Afortunadamente, cuando me he quitado los calcetines, aún no había sangre ni desgarros en la piel. Creo que, aunque me pese, seguiré corriendo un tiempo más en la cinta, descalzo, y hasta que consiga acostumbrarme a este modo de correr, entonces creo que será el momento de pasar a la acción y volver a entrenar en serio.




EDITO. He preguntado al Twitter de la revista Runner´s World (@runner_es) sobre la sensación que notaba en la cinta con el barefoot running y me han comentado que la superficie de la cinta es muy abrasiva y no debería volver a hacer lo que he hecho. Habrá que buscar alguna otra alternativa.

100% TRIATLÓN

Era una fría mañana del mes de marzo del año 2003, en aquel aula del INEF de Madrid nos hallábamos 5 ó 6 alumnos que nos habíamos matriculado en el Practicum de Triatlón. Frente a nosotros, el profesor, un tal Alberto García (supongo que muchos sabréis a qué me refiero) nos explicaba con su sencillez habitual en qué iban a consistir nuestras prácticas y entre otras cosas me llamó la atención que dijo que algún día tendríamos que acompañar en coche al grupo de triatletas que en aquél entonces estaban en la Residencia Blume de Madrid en algunas de sus salidas. Yo en esa época corría en un buen equipo de ciclismo amateur y levanté la mano:

            -J.A. “¿Y no se puede acompañarles también con la bici?
-A.G. “Hombre, es que estamos hablando de los mejores triatletas de España. Que hacen muchos kilómetros y van muy deprisa
            -J.A. “Ya pero yo compito en ciclismo y creo que puedo ir con ellos
            -A.G. “De acuerdo, inténtalo

Un par de semanas más tarde me presenté con mi bici en la puerta de la Blume y por allí salió un montón de gente de los cuales ningunos ni tan siquiera me sonaba, no me acuerdo de todos, pero estábamos hablando entre otros de Fernando Cabellos, Jose Manuel Tovar, Zuriñe Rodríguez, Ana Burgos, Alejandro Santamaría, Javi García, Marina Damlaimcourt, etc. Juntos hicimos en un día bastante infernal en lo que a meteorología y pinchazos se refiere, una ruta divertida subiendo por la carretera de Castilla, Pozuelo, Majadahonda, Torrelodones, Hoyo de Manzanares, Colmenar Viejo y vuelta a Madrid por el carril bici de la carretera de Colmenar, a lo que yo tuve que sumar los 20km de ida que hice de mi casa a la Blume y los 20km de vuelta.

En las aproximadamente tres horas que duró el entrenamiento con ellos no paré de fijarme en detalles y de hacerme preguntas internamente: “¿por qué llevan esas zapatillas tan raras con un solo velcro y una cintita detrás?, ¿por qué todos llevan acoples?, ¿por qué no son capaces de ir a la “marcheta” y van siempre pegando tirones?, ¿por qué la mitad de ellos llevan el dorsal pegado en la tija o en el casco?, ¿por qué se pican en cada repecho?...” esas y muchas más cosas se me pasaban por la cabeza aquel día, una cabeza con mentalidad 100% ciclista.

Por otro lado, también hubo dos cosas que me llamaron enormemente la atención, lo primero era que todos ellos andaban bastante mejor de lo que yo esperaba y lo segundo que me sorprendía mucho que pudiera motivarles hacer un deporte “a medias”, o mejor dicho “a terceras”. Es decir, para mí en aquel entonces un triatleta era medio ciclista, medio atleta, medio nadador, pero todo a medias… Como si no fuese capaz de hacer realmente bien ningún deporte mientras que yo me veía a mí, ciclista al 100%, incapaz de dar una zancada más larga que otra para que no se me cargasen las piernas y creía que aquello sí que era hacer verdaderamente un deporte.

Pues sí, no vamos a engañarnos, aquel fue mi primer contacto con el Triatlón y aquellas mis primeras impresiones.

Han pasado casi 10 años desde aquel día y tras unos años más de ciclista, una posterior y ligera reconversión a atleta popular hoy, caprichos del destino, me siento 100% Triatleta.

Hoy en día hablar de Triatlón no es como hablar de fútbol, pero sí como hablar de Fórmula 1, o de motociclismo, o de baloncesto… es un deporte que se ha hecho bastante conocido y popular. Prácticamente en todas las casas, en todos los trabajos, en todos los grupos de amigos hay alguien que o bien practica Triatlón, o bien conoce a alguien que lo hace. Estamos ante un deporte en auge en el que a la gente no le vale solo con correr la San Silvestre una vez al año, o subir a los Lagos de Covadonga en bici con los colegas en verano… no, todo eso ya no vale, todo eso es poco, ahora es eso lo que se queda “a medias” y lo que a la gente le gusta es hacer un Triatlón, corto, largo, muy largo, duro, muy duro, pero un Triatlón, 100% Triatlón.

Actualmente, los Triatletas de Élite no hacen nada a medias, sino que hacen tres cosas completas, las tres cosas al 100%. Así, nos encontramos con un Mario Mola capaz de correr tranquilamente 10km en 29’ o un Javi Gómez Noya ganador de varios títulos gallegos de natación y que llegó  a ser 11º en un Memorial Valenciaga (la mejor carrera de ciclismo amateur del panorama nacional y en la que curiosamente yo también quedé 11º en el año 2002, pero claro, yo no me caí antes de empezar el puerto decisivo como le pasó a Javi y yo ni nadaba ni corría a pie, yo no era Javi…)

Pero no solo los Élite hacen 100% Triatlón, para mí 100% Triatlón es también lo que hace aquel que se levanta antes del amanecer y lleno de artilugios para medir zancadas, frecuencia cardiaca, altitud, etc. sale a correr para luego ponerse el traje e ir corriendo a la oficina mientras miran en el reloj los datos del entreno, aquel que al mediodía en vez de gastar la hora de la comida en lo que su propio nombre indica, comer, se mete en el agua a hacer 1000, 2000, los metros que le dé tiempo antes de que comience la clase de spinning, aquel que el fin de semana se pega el madrugón para sacar 100km en bici y llegar a tomar el aperitivo con su familia, aquel que mira con la ilusión de un niño pequeño esa prueba que tiene unos meses más tarde y mima y cuida con detalles todo lo que puede su preparación para llegar y dar el máximo en esa cita, dar “su máximo” y eso es lo bonito de este deporte, ver como todos los que lo practicamos damos “nuestro máximo”, sea cual sea el puesto, sea cual sea el tiempo que hagamos, los Triatletas siempre damos el máximo, hacemos 100% Triatlón.

Diez años después de aquella fría y lluviosa mañana de marzo ya entiendo casi todo, ya entiendo que un velcro se abrocha más rápido que un cierre normal y que cada segundo cuenta, ya entiendo la necesidad de llevar acoples, ya entiendo que aquellos triatletas anduviesen como andaban aunque sigo sin entender porqué o eran capaces de rodar a ritmo, por qué se picaban en cada repecho y por qué llevaban puesto el dorsal… 100% Triatlón.


José Almagro
Revista ‘triatlón’ nº 8, Mayo-Junio 2012